Cuatro turistas visitaron por primera vez Chile. Se enamoraron de su gente y de sus paisajes. Pero una experiencia cambió radicalmente su percepción del Chile moderno y seguro que ha logrado abrirse camino en el mercado mundial de los viajes de esparcimiento.
Son turistas que rompieron la norma y estuvieron dispuestos a perseguir a quiénes en lugar de acogerlos y guiarlos, estuvieron más bien decididos a estrujarlos.
Departamentos con vista al mar que no existen, taxímetros evidentemente intervenidos, arriendos por inmuebles que nunca fueron entregados, fueron algunos de los riesgos que un turista, sino está atento, puede enfrentar en el Chile de hoy.
Sus experiencias hacen sospechar, al menos, que no hemos dejado atrás del todo el estereotipo del chileno pillo y aprovechador.
Tenemos paisajes paradisíacos, todos los climas, modernidad del siglo XXI y un país seguro. Son características que han logrado posicionar a Chile como uno de los tres destinos sudamericanos más apreciados del turismo europeo y latinoamericano.
Pero, ¿qué pasó con nuestra conciencia y cultura turística? ¿Están los medios y la disposición de perseguir realmente a quiénes hacen del turismo una oportunidad de sacar todo el dinero posible con discutibles artes o el extranjero que cae, queda gritando en el desierto?
Contacto se sumergió en las aventuras y desventuras de estos extranjeros que, junto con fascinarse con el Chile actual, se sintieron defraudados y abusados.